30/01/2025

El potencial de una buena alimentación pre-destete

Med. Vet. (MBA) Atilio Ciuffolini, TEKNAL

En el marco del evento Genética para una ganadería sustentable, el veterinario Atilio Ciuffolini, representante de Teknal y Nutex, analizó los desafíos y oportunidades en la producción de carne bovina y resaltó la importancia de una buena alimentación en la etapa pre-destete para lograr una mejor eficiencia de conversión. Con una propuesta centrada en la sostenibilidad y la precisión, abordó las diferencias productivas entre Uruguay y mercados internacionales como Estados Unidos y Australia, resaltando el impacto de la tecnología y el manejo estratégico en los resultados económicos.

“El mercado nos envía señales interesantes, especialmente en lo que refiere a los precios, que están impulsando la producción a nivel global”, explicó Ciuffolini al comenzar su intervención. Según señaló, aunque las condiciones actuales del mercado local limitan la inversión, es fundamental incorporar tecnología para mejorar la eficiencia.

En su primera parte, Ciuffolini presentó un análisis histórico y biológico del desarrollo de carcasas más pesadas. “Uno de los principales desafíos es sostener niveles razonables o altos de eficiencia al producir animales más grandes, que suelen acumular más grasa y volverse menos rentables”, afirmó. Asimismo, destacó que la ganadería en el Río de la Plata enfrenta particularidades biológicas y de manejo que condicionan los resultados productivos.

El tamaño del bovino

Entre los ejemplos internacionales, Ciuffolini resaltó cómo Estados Unidos, con un modelo basado en el uso intensivo de tecnología, logra pesos de carcasa que rondan los 380 kilos y un rendimiento promedio del 61%. “Ellos aprovechan toda la biblioteca tecnológica disponible para producir animales más grandes y rentables. En cambio, nosotros trabajamos en un escenario de precios bajos, lo que limita nuestra capacidad de inversión y mejora”, comentó.

Pese a estas limitantes, Australia emerge como un modelo a seguir al demostrar que es posible integrar tecnología de forma eficiente en distintos biotipos. “Australia, con menos uso de feedlots, vende carcasas de entre 6.000 y 7.000 dólares gracias a una gestión precisa y tecnológica. Eso nos muestra que, incluso en Uruguay, podemos trabajar hacia modelos más productivos sin perder de vista la sostenibilidad”, indicó.

Ciuffolini subrayó que las variaciones históricas en los biotipos bovinos también juegan un papel clave en la actualidad. “Desde el gigantismo en 1830 hasta la moderación de hoy, hemos aprendido que el tamaño influye directamente en el costo de mantenimiento y en la productividad”, explicó, enfatizando la necesidad de criar animales más musculosos y largos para equilibrar la relación entre peso vivo y carcasa.

Efectos residuales

Mientras profundizaba en las complejidades de la eficiencia ganadera, Atilio Ciuffolini abordó un tema que resulta clave para comprender la productividad bovina en la actualidad: los efectos residuales de las decisiones tomadas durante la recría y la alimentación. Las elecciones de manejo en etapas iniciales no sólo impactan en el desarrollo del animal, sino también en la calidad de la carcasa y en la eficiencia global del sistema productivo. Sin embargo, como explicó el profesional, no siempre es fácil interpretar los resultados, ya que existen factores confundidos que pueden distorsionar las percepciones sobre el desempeño.

La información perdida en los procesos productivos es uno de los desafíos más significativos. Detalló cómo la falta de datos confiables sobre el peso, edad y ganancia diaria antes de la adquisición de los animales afecta las decisiones estratégicas. “Lo que ocurre durante la recría está directamente vinculado a los resultados finales. La ausencia de información precisa dificulta no sólo la caracterización de los biotipos sino también la optimización de las prácticas de manejo,” subrayó.

Caso de estudio

Ciuffolini ilustró estos conceptos mediante un caso de estudio que analiza los resultados de distintos sistemas productivos. En Argentina, la tendencia reciente de extender el engorde en corrales hasta los 200 días permite observar cómo estas variables interactúan.

Con ecografías realizadas en momentos clave del ciclo productivo (días 231, 302 y 694), se evaluaron factores como la partición de nutrientes y la acumulación de tejido magro y adiposo.

Los resultados confirmaron que alcanzar altos niveles de marmoleo requiere una inversión significativa, pero también conlleva penalizaciones en la eficiencia.

Los datos son contundentes: novillos de 523 kilos con 11,5 milímetros de grasa dorsal alcanzan un porcentaje de carne “choice” del 30%. Sin embargo, al incrementar la grasa a 13 milímetros, esta cifra asciende al 60%, demostrando que los niveles de adiposidad pueden ser determinantes para maximizar el valor comercial de la carcasa. A pesar de esto, el profesional alertó sobre los riesgos de superar el umbral de eficiencia. Durante la pandemia, restricciones logísticas llevaron a acumulaciones de hasta 19 milímetros de grasa, mejorando levemente la calificación a “prime” pero deteriorando significativamente la conversión alimenticia, que cayó de 7,8 a 12,6. Este retroceso subraya la importancia de equilibrar la calidad del producto final con los costos de producción.

El marmoleo se posiciona como un atributo genético crucial, aunque Ciuffolini enfatizó que, en los últimos 20 años, el progreso en esta área ha sido limitado. Esto obedece a la falta de incentivos para orientar la selección genética hacia mayores niveles de grasa intramuscular, lo que a su vez penaliza al productor con costos adicionales sin una retribución adecuada. “Sin un sistema claro de premiación por calidad, el esfuerzo por aumentar el marmoleo se convierte en un lujo que pocos están dispuestos a permitirse”, reflexionó.

Uno de los aprendizajes más reveladores del estudio fue la influencia de la historia nutricional previa en la eficiencia de conversión y la calidad final de la carcasa.

Los animales con pobre ganancia pre-destete no mostraron crecimiento compensatorio, terminando ciclos productivos más largos y con menor peso final. Esto pone de relieve la importancia de una gestión nutricional integral desde las etapas tempranas, que contemple tanto los factores genéticos como ambientales.

La inteligencia artificial

Finalmente, Ciuffolini exploró el potencial de herramientas digitales como la inteligencia artificial para transformar el sector. En este contexto, la IA actúa como un sistema de soporte en la toma de decisiones, integrando datos observacionales y experimentales para mejorar las estrategias de manejo. Tecnologías como los sensores de bajo costo permiten captar información clave para ajustar prácticas en tiempo real, logrando avances notables en productividad y sostenibilidad.

En un campo comercial que implementó estas herramientas durante cuatro años, los resultados fueron claros: los animales que mantuvieron ganancias diarias estables desde el pre-destete lograron pesos finales de hasta 481 kilos en promedio, con curvas de crecimiento cuasi lineales que reflejaron una programación eficiente desde el nacimiento. Estos hallazgos confirman que la combinación de tecnología, manejo estratégico y adaptación al biotipo es el camino a seguir para una ganadería más competitiva y sostenible.

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